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Transexualidad: prisión elevada al cuadrado



La primera vez que entrevisté a una persona transexual en el Centro Penitenciario de Alicante fué sorprendente, pero genial a la vez. En esta entrevista inicial que se realiza en el Departamento de Ingresos, donde recabamos los primeros datos para posteriormente asignarle un determinado módulo, conocí a Raquel, aunque en el listado de ingresos que llevaba en mi agenda su nombre era Javier, algo que de primeras, me dejó absolutamente fuera de juego. 

Despampanantemente alta y rubia entra con un mono azul de trabajo que contrastaba con unos taconazos de esos infinitos, pues antes había sido desprovista de la llamativa y muy poco adecuada ropa, con la que había ingresado. 

Mi compañera me hacía señales, y yo ajeno a estas, bien por mi joven edad o por mi torpe bisoñez, no me daba cuenta de lo que pasaba en realidad. 

El caso es que cuando le hice saber que algo no me cuadraba entre lo que veía en los papeles y lo que observaba allí físicamente, mi compañera le preguntó de manera más grácil y resolutiva que yo, cual era su sexo fisiológico y que con cual de ellos se sentía mayormente identificada. Ante esta pregunta, Raquel se bajó la cremallera del mono al estilo "busco a Jacks" y con todo el descaro colocó sus enormes tetas prácticamente en nuestra cara contestándonos: "Vosotros que creeis que soy"... Risas no, carcajadas de mi compañera (y de Raquel también), al ver la cara que se me quedó (seguro que sí está leyendo estas letras, estará partiéndose de nuevo de risa)....






Sin embargo, aunque se sentía totalmente femenina, no quería ir bajo ningún concepto al módulo de mujeres, otra cosa que tampoco lograba entender. Nos hizo conocedores de que su modo de vida sería más llevadero, económicamente hablando para ella, trasladándose a un módulo de hombres que marchando al de mujeres, donde según ella, también podría tener graves conflictos.


Y ahí se nos plantea el dilema: ¿Donde la llevamos? Si iba a un módulo de mujeres, donde yo creía y deseaba que fuese, esta iría contra su voluntad. Pero si no era así, y se iba al de hombres como ella estaba solicitando, estaríamos dando cabida y amparando la posibilidad de que esta ejerciera con toda seguridad la prostitución dentro de un centro de la administración pública. 

Es complicada la cosa ¿Verdad?








La normativa legal que regula y se aplica a este tipo de casos está regulada por la Instrucción 7/2006 de la SGIP (la enlazo si quieres ojearla entera) que establece los criterios para ordenar el ingreso penitenciario de internos transexuales. Esta regulación está prevista para las personas cuya identidad oficial de sexo no concuerde con su identidad psicosocial de género, pudiendo solicitar la administración penitenciaria el reconocimiento de esta a los efectos de separación interior.



Por su parte, la Ley 3/2007 para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, cuando regula la rectificación registral relavita al sexo de las personas, no requiere que la persona en cuestión se someta a una intervención de reasignación de sexo para poder obtener la rectificación registral. Bastaría con cumplir los siguientes requisitos:


1- Diagnóstico de disforia de género acreditado mediante informe médico o de psicólogo donde se determine la existencia de una disonancia entre el sexo morfológico inicialmente inscrito y la identidad de género sentida por el solicitante. También tiene que señalar la ausencia de trastornos de personalidad que puedan influir en la existencia de dicha disonancia.


2- La existencia de tratamiento médico durante al menos dos años a fin de acomodar las características físicas a las correspondientes al sexo reclamado. Destacar que no se precisa intervención quirúrgica de reasignación genital para cumplir este requisito. 









A nivel legislativo, se está preparado para afrontar e intentar solucionar el problema de cumplir esta doble condena, siendo finalmente decisión de la Dirección de cada centro la resolución de este tipo de casos, aunque por experiencia y de facto, o bien por evitar otro tipo de situaciones, la gran mayoría terminan haciendo y compartiendo su vida penitenciaria con internos de sexo masculino. 






                                              


Comentarios

  1. Hola Jose Manuel, no trabajo en un centro penitenciario, sin embargo, en algún momento tuve la oportunidad de tener una experiencia similar a la tuya. Trabaje en un proyecto de investigacion para mi universidad y fue una experiencia extraña pero al final bonita. Tuve la oportunidad de conocer 3 transexuales con aspecto de mujer en una centro de reclusión para hombres, lastimosamente en mi país no existe una ley que les de la oportunidad de elegir en donde se sienten mejor, para ellos es una obligación permanecer en cárceles conforme su apariencia física, por ellos escuche los relatos de muchas humillaciones a los que se ven sometidos, y en definitiva no es nada fácil permanecer rodeado de hombres en un mundo que le falta mucho para tolerar a estas personas y el machismo sigue latente. Me alegró leer tu artículo al igual que saber que en otros países del mundo este tema ya este despertando interés.

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    1. Hola Gheraldy, la verdad es que debe ser terrible encontrarte preso en tu propio cuerpo y sentir que este no te pertenece, más todo lo que esto conlleva socialmente, y si a esto le sumamos la reclusión penal, imagínate. La ley española efectivamente deja la opción de que este tipo de personas puedan convivir con un sexo o con otro, pero no obstante están donde estén seguramente tendrán que pasar por situaciones penosas y humillantes, ya que la losa de los prejuicios morales y sociales sigue estando latente en cualquier parte del mundo. Aún más en una prisión, donde el nivel educativo es inversamente proporcional a toda clase de prejuicios. Un saludo.

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